Renovación interior

No hace mucho, los obispos españoles, en su reunión de asamblea plenaria, y con motivo del Año Sacerdotal, publicaron una carta dirigia a los sacerdotes de las diócesis españolas. En ella, entre otras cosas, recuerdan las motivaciones que llevaron al Papa Benedicto XVI a proclamar este año sacerdotal (”Promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo“, “favorecer la tensión de los sacerdotes hacia la perfección espriritual, de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio”, “para hacer que se perciba cada vez más la importancia del papel de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea”)

Los obispos en su escrito hacen una lectura de la identidad y naturaleza del sacerdote desde una doble referencia bíblica: “Vosotros sois mis amigos”, palabras de Jesucristo referidas a sus discípulos (Jn 15, 14) y también sus palabras sacadas de la parábola del buen pastor: “Se la carga sobre los hombros, muy contento” (Lc 15, 5). Por lo tanto, interpretan la esencia sacerdotal desde la experiencia de una profunda amistad con Jesucristo y desde una identificación inequívoca con el sentimiento más característico del Señor: la misericordia que embarga su corazón.

Me quedo con estos dos principios, que a modo de luz vienen a ser la hoja de ruta en el itinerario que es necesario realizar para alcanzar esa “renovación interior” sacerdotal. Sobre dicha renovación afirmo: a) No se si el clero de hoy es mejor o peor que el del tiempo pasado, pero sí creo sinceramente que debemos dar pasos evidentes hacia el logro de dicha renovación. Se hace necesario volver a respirar en toda su frescura lo acontecido el día de nuestra consagración. b) Esa renovación deberá poner de manifiesto que nuestra vida está enraizada y tiene pleno sentido desde una cotidiana y singular amistad con el Señor. El tiempo y las circunstancias requieren que se perciba en nosotros no tanto a los encargados de unas parroquias, cuanto a las personas familiarizadas con el misterio de Dios. c) Deberá ser una renovación de vida que tenga como señal de identidad el corazón de buen pastor, desde donde rezume compasión por sus hermanos. Creo que fuera de esa centralidad no será creible.

Juan J. Valero. Rector

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